Carlos I mandó armar la expedición en 1518 para llegar a las islas de las Especias navegando hacia el oeste, y la Casa de Contratación llevó las cuentas con lupa [4]. Cinco naos salieron de Sevilla el 10 de agosto de 1519 y zarparon de Sanlúcar el 20 de septiembre, con unos 240 hombres (las fuentes dan entre 234 y 243) [4][5].
¿Por qué tanto vino? Porque era comida, no un capricho. Después del bizcocho, el vino era la principal fuente de calorías del marinero, y la ración era de media azumbre al día, alrededor de un litro [4]. La Fundación Elkano describe la ración diaria: una libra de bizcocho, una onza de aceite, 30 onzas líquidas de vino y 50 de agua, además de legumbres, ajos, cebollas, cecina, pescado seco, queso y miel [5].
En la España de entonces el vino era mucho más que una bebida: se tenía por nutriente («con pan y vino se hace el camino»), desinfectante, tónico «para los espeluznos del frío», base de remedios y vino de misa [2]. Además, el agua de los toneles se estropeaba: en el Pacífico, Pigafetta cuenta que bebían «agua amarilla, podrida desde hacía muchos días» [6]. Hacía falta un vino estable que aguantara meses de travesía [4].
¿Y por qué de Jerez? Sanlúcar, sede del ducado de Medina Sidonia, tenía exención de impuestos para embarcar ciertos productos, entre ellos el vino de Jerez [4]. La compra en Jerez llevó 93 días, y al llegar a puerto el vino se pasó de las 508 botas a 415 pipas y media [2]. Ojo: no era el jerez de crianza que conocemos hoy, y no se sabe qué tipo exacto de vino era [4]. Y la comparación es entre el vino y el armamento suelto (artillería, pólvora, armaduras, ballestas…); las cinco naos con su aparejo costaron mucho más, 3.912.241 maravedís [3].
Mito o realidad: «Llevaban tanto vino para evitar el escorbuto» Mito
El escorbuto se debe a la falta de vitamina C [5], y el vino no la aporta: las tablas de composición del USDA dan 0,0 mg de vitamina C en el vino tinto, blanco y rosado [10]. No podía prevenirlo.
El propio viaje lo demuestra. Con su ración de vino, la tripulación cruzó el Pacífico tres meses y veinte días sin comida fresca: se les hinchaban las encías hasta no poder comer y murieron 19 hombres, según Pigafetta [6][7]. En cambio, durante el invierno en la Patagonia, comiendo marisco, mejillones y raíces que les enseñaron los tehuelches, no sufrieron escorbuto [5].
En 1519 la enfermedad se conocía, pero no su causa. Los marineros que volvían de África la llamaban «enfermedad de Luanda», y el miedo a contagiarse hizo que a Magallanes le costara reclutar tripulación [2]. La primera prueba controlada llegó en 1747: el cirujano naval James Lind dio a 12 enfermos de escorbuto, a bordo del Salisbury, seis remedios que se usaban entonces: sidra, elixir de vitriolo, vinagre, agua de mar, naranjas y limones, o un electuario de ajo, mostaza, rábano y resinas [8][9]. Todos seguían la misma dieta, que incluía vino en la cena, y los que comieron naranjas y limones fueron los que mejoraron antes y con más claridad: uno de ellos estaba listo para el servicio a los seis días [8]. Lo publicó en 1753 [8]. La vitamina C no se conoció hasta el siglo XX: Albert Szent-Györgyi recibió el Nobel de Medicina en 1937 por sus trabajos sobre ella [11].
Lo que sí es verdad: el vino formaba parte de la ración diaria, daba calorías, aguantaba mejor que el agua y en la época se consideraba saludable y reconstituyente [2][4][5]. Pero contra el escorbuto no servía.
El vino de esta historia salió del Marco de Jerez y se embarcó en Sanlúcar de Barrameda, hoy también cuna de la manzanilla. Descubre las bodegas de la DO Jerez-Xérès-Sherry. Bodegas de Jerez-Xérès-Sherry →
El corsario Drake se llevó unas 2.900 botas de vino de Cádiz
En la primavera de 1587, el corsario inglés Francis Drake entró en la bahía de Cádiz, quemó o capturó decenas de barcos de la flota que preparaba Felipe II y se llevó su carga, vino incluido [1][2].
Los historiadores del vino hablan de unas 2.900 botas (el Consejo Regulador dice 3.000) [2][3]. En Inglaterra, el «sherris sack» se puso de moda, y Shakespeare lo inmortalizó en boca de Falstaff [3][5].
Inglaterra y España estaban en guerra desde 1585, y Felipe II reunía en Cádiz y Lisboa la que sería la Gran Armada para invadir Inglaterra. Isabel I mandó a Drake a estorbar esos preparativos [2]. La flota inglesa entró en la bahía el 19 de abril según el calendario juliano que usaban los ingleses (29 de abril en el gregoriano, vigente ya en España) y salió dos días después [1][2].
Un participante lo contó así: tomaron «un barco de 250 toneladas cargado de vinos por cuenta del rey» y sacaron el vino «para nuestro propio uso» antes de quemarlo; quemaron otros diez cargados de «vino, pasas, higos, aceite, trigo», y se fueron «abastecidos para varios meses de pan y vino a costa del enemigo» [1]. El ataque retrasó la Armada hasta 1588 [2].
¿Por qué tanto vino en Cádiz? Porque el vino de la zona era parte esencial del avituallamiento de las flotas que iban a América desde Sevilla y la bahía [3]. Y en Inglaterra ese vino ya tenía nombre: «sack», que era como llamaban a los vinos secos y generosos de España y Canarias. El de Jerez era el «sherris sack», de Xeres o Sherish, el nombre árabe de la ciudad [3][6].
Shakespeare dedica a Falstaff, en «Enrique IV, segunda parte» (impresa en 1600), un elogio entero del «sherris sack»: dice que le sube al cerebro y le aviva el ingenio, que le calienta la sangre y da valor, y remata: «Si tuviera mil hijos, el primer principio que les enseñaría sería renunciar a las bebidas flojas y entregarse al sack» [5][11]. El Consejo Regulador cuenta que tras el botín de 1587 el jerez se puso de moda en la corte de Isabel I [3][4].
Mito o realidad: «Drake dio a conocer el jerez en Inglaterra, y por eso lo llamaban sack, de saquear» Mito
La palabra no sale del saqueo. «Sack» como nombre del vino se documenta en inglés en la década de 1530, medio siglo antes del ataque, y viene probablemente del francés «vin sec», vino seco [6]. La idea de que el vino se llamó así porque Drake «saqueó» (sacked) Cádiz circula incluso en enciclopedias [2], pero no cuadra con las fechas.
Tampoco fue Drake quien lo descubrió a los ingleses. En 1517, setenta años antes, el duque de Medina Sidonia ya concedía privilegios a los comerciantes ingleses asentados en Sanlúcar de Barrameda: un cónsul propio y terreno para una iglesia dedicada a San Jorge [7]. El mercader John Smythe registró en su libro de cuentas sus envíos de vino de esta zona entre 1538 y 1550, y en Bristol, Plymouth o Londres el «sack» era un producto habitual [8]. El Consejo Regulador sitúa los primeros vinos de Jerez en Inglaterra incluso en el siglo XII [3].
Y la cifra hay que cogerla con pinzas. Las 2.900 o 3.000 botas vienen de historiadores posteriores; la relación de uno de los participantes habla de un barco de 250 toneladas cargado de vino y de otros diez quemados con vino y víveres, sin dar un total de botas [1][2][3]. Además, no todo tenía por qué ser de Jerez: era vino cargado en la bahía de Cádiz. El historiador Javier Maldonado Rosso dedicó en 2025 una conferencia a separar la leyenda de la realidad en este episodio [9].
Lo que sí es verdad: Drake atacó Cádiz en 1587, se llevó vino como botín y el «sack» español, ya muy apreciado, ganó todavía más fama en la Inglaterra de Isabel I y de Shakespeare [1][3][5]. El botín no creó la afición inglesa por el jerez: la avivó.
El «sherris sack» de Falstaff es el antepasado del jerez actual (aunque entonces no existía aún el sistema de criaderas y solera, que llegó en el siglo XVIII). Descubre las bodegas de la DO Jerez-Xérès-Sherry. Bodegas de Jerez-Xérès-Sherry →
Cuando la filoxera arrasó Francia, Burdeos vino a comprar vino a Rioja
A partir de 1867, la filoxera fue arrasando los viñedos de Francia. Para seguir teniendo vino, las casas francesas mandaban cada año comisionados a Rioja a catar, seleccionar y comprar, y el tren llevaba ese vino de Haro al puerto de Bilbao [1].
Las exportaciones españolas de vino pasaron de 1,6 millones de hectolitros en 1871-75 a más de 8 millones en 1886-90, y el 85 % iba a Francia [2]. Haro vivió su época dorada: en 1892 estrenó sucursal del Banco de España y Estación Enológica [1][4].
Entre 1860 y 1890 la filoxera destruyó franjas enteras del viñedo francés, y la producción del país ya no cubría la demanda. Francia importó grandes cantidades de vino de Italia y, sobre todo, de España, cuyos viñedos aún no estaban afectados [2]. Ya antes, en 1852, una plaga en las viñas de Burdeos había llevado a las casas francesas a buscar vino en España, pero el interés decayó cuando pasó. Con la filoxera llegó el «despegue definitivo del Rioja» [1].
Rioja tenía a mano la estación de ferrocarril de Haro, que comunicaba la ciudad con el puerto de Bilbao [1]. Además, el tratado franco-español de 1882 rebajó los aranceles [1]. Entre 1877 y 1887, el vino español vivió un «formidable auge exportador», y el Gobierno español orientó su política comercial a conseguir y mantener ese tratado con Francia [3].
Con el tiempo, algunos franceses se quedaron en Haro y fundaron bodegas al modelo francés. El Ayuntamiento lo llama el «esplendor económico harense»: la estación de ferrocarril, la luz eléctrica, el teléfono, la Estación Enológica y el Banco de España [1]. La sucursal del banco abrió el 2 de enero de 1892, y Haro fue una de las siete poblaciones que no eran capital de provincia y tuvieron una [4].
La época dorada se acabó muy pronto. En 1892 terminó el tratado y Francia endureció sus aranceles. Las importaciones de vino español cayeron de una media de 8,2 millones de hectolitros (1882-1892) a 3,6 millones (1893-1897) [2][3]. Y en junio de 1899 la Estación Enológica de Haro confirmó la filoxera en viñedos de Sajazarra: la plaga había llegado a Rioja [8].
Mito o realidad: «La crianza en barrica al estilo de Burdeos la trajeron a Rioja los franceses que huían de la filoxera» Medio mito
El método bordelés llegó antes. En el siglo XVIII, el clérigo Manuel Quintano, de Labastida, ya elaboraba al estilo francés, y su vino cruzó el Atlántico sin estropearse. Hacia 1848, Luciano de Murrieta hizo en Logroño una partida al estilo francés [5].
El paso decisivo llegó el 12 de junio de 1862. Ese día, en Burdeos, el Marqués de Riscal, como apoderado de la Diputación de Álava, firmó un contrato con el experto bordelés Jean Pineau. El objetivo era «introducir y practicar en adelante en la provincia de Alava el mismo método seguido en el departamento de la Gironda». Esa misma vendimia se hicieron ensayos con barricas de roble americano y de roble del país [5].
El vino se promocionó como «Médoc Alavés» y ganó una medalla de oro en la Exposición de Bayona de 1864. Cuando terminó el proyecto, en 1868, Pineau pasó a la bodega del Marqués de Riscal en Elciego [5][6].
Lo que sí es verdad: los comerciantes y bodegueros franceses que llegaron con la filoxera aceleraron el cambio. Muchos fundaron bodegas al modelo francés y ayudaron a pasar de vinos corrientes a vinos finos de crianza [1][7]. No trajeron la barrica, pero sí la extendieron.
De aquella mezcla de viñedo riojano y oficio bordelés vienen los tintos de crianza que hoy identificamos con Rioja. Descubre las bodegas de la DOCa Rioja. Bodegas de Rioja →
El Priorat debe su nombre a unos monjes: la cartuja de Escaladei
En 1194, unos monjes cartujos llegados de Provenza se instalaron al pie del Montsant y fundaron Escaladei, la primera cartuja de la península ibérica [1][2].
El nombre de la comarca viene de ellos: el prior de la cartuja gobernaba sus dominios, y esas tierras acabaron llamándose el Priorat [1][4].
Los cartujos se establecieron en tierras concedidas por el rey Alfonso I el Casto, al pie de la sierra del Montsant [1][2][3]. Escaladei fue la primera cartuja de la península ibérica [2][5].
Los monjes difundieron el cultivo de la viña por sus dominios. El prior ejercía la justicia y era el «alcalde general» de los pueblos que dependían de la cartuja. Esos dominios forman el Priorat histórico, que hoy coincide con la denominación de origen [1][4]. La Generalitat lo resume así: la cartuja «llegó a bautizar toda una comarca: El Priorat» [4].
En 1835, la desamortización de Mendizábal obligó a los monjes a abandonar la cartuja [5][6].
Siglos después, el vino sigue llevando aquel nombre. El Priorat fue DO en 1954 y es DOQ (Denominación de Origen Calificada) desde 2000, por orden de la Generalitat; el reglamento se publicó en el BOE en 2009 [7][8]. Según algunas fuentes del sector, es la única denominación calificada de España junto a Rioja [9][10], aunque no hemos encontrado una lista oficial que lo confirme.
Mito o realidad: «Escaladei se llama así porque un pastor vio ángeles subiendo al cielo por una escalera» Leyenda
Es la leyenda fundacional que recogen el Consell Regulador y Turisme Priorat: un pastor veía (o soñaba, según la versión) ángeles que subían y bajaban por una escalera apoyada en el pino más alto del lugar. Donde estaba el árbol se levantó el altar de Santa María, y de ahí el nombre: Scala Dei, «escalera de Dios» [1][3][6].
Es una leyenda, no un hecho documentado. Lo que sí es histórico es la fundación de la cartuja en 1194 [1][2].
Las viñas que plantaron los cartujos son el origen de la DOQ Priorat, con sus garnachas y cariñenas sobre llicorella. Descubre sus bodegas. Bodegas de Priorat →